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¿Qué es la impulsividad?
Es un rasgo de la personalidad caracterizado por la reacción rápida, inesperada y desmedida ante cualquier situación. Se trata de una condición por la cual la persona no puede controlar los impulsos, las tentaciones o los deseos que siente y actúan sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos.
En algunos casos, se puede manifestar como una condición aislada mientras que en otros puede ir acompañada de otras condiciones psicológicas más o menos relacionadas. Otra de las características de las personas impulsivas es que suelen ser propensas al consumo de alcohol, drogas o fármacos, aumentando su agresividad y presentando mayores problemas para adaptarse a diferentes situaciones.
¿Cuáles son los síntomas de la impulsividad?
Los síntomas específicos varían en función del tipo de impulsividad que afecta a la persona, pero en cualquier caso, las etapas de la afección son las siguientes:
-Impulso. -Tensión creciente.-Placer al actuar. -Alivio y culpa (puede o no estar presente).
¿Cómo se detecta? Es importante que el paciente que padece los síntomas mencionados acuda a la consulta del psicólogo para que haga una evaluación de su caso y pueda descartar la existencia de otros trastornos de salud mental.
Causas de la impulsividad: La impulsividad a menudo acompaña a otros trastornos como el TDAH, el TOC, la depresión o la ansiedad. No se conocen las causas de la impulsividad ni porqué algunas personas presentan esta condición y otras no, pero se cree que es fruto de una combinación de factores genéticos y externos, como por ejemplo el abandono del abuso en la infancia. La capacidad de controlar los impulsos se encuentra en la corteza frontal.
En la mayoría de los casos, el trastorno alcanza su punto máximo a mediados de la adolescencia.
¿Se puede prevenir? Para prevenir la impulsividad es importante controlar los actos de la persona afectada por este trastorno. En este sentido, es importante aprender a reaccionar de forma adecuada en relación a determinados pensamientos, emociones y sentimientos.
Abordaje terapéutico para controlar la impulsividad: Los tratamientos para la impulsividad pueden ser de naturaleza farmacológica, psicosocial o una combinación de ambos. En cualquier caso, es importante que el paciente y el especialista puedan elaborar un tratamiento que contemple el contexto, el estilo de vida y las necesidades de los pacientes.
Recomendaciones para hacer frente a la impulsividad:
-Pensar antes de actuar. Como ya se ha señalado, las personas impulsivas suelen reaccionar antes de sopesar las consecuencias de sus actos. Precisamente por esa razón, resulta conveniente que lleven a cabo un proceso de reflexión mediante el cual procuren anticipar las consecuencias de su conducta, permitiéndoles detectar y reducir algunas de las respuestas automáticas que se acostumbran a dar.
-Tolerancia a la frustración. Es importante asumir que no siempre vamos a recibir aquello que esperamos. Por lo tanto, habrá que intentar reducir los actos impulsivos y aumentamos nuestro repertorio de respuestas adaptativas para corregir nuestro estado emocional.
-Técnicas de relajación. Consiste en reducir la activación fisiológica para mejorar la capacidad reflexiva y reducir el estrés y los síntomas de ansiedad. Existen muchas otras estrategias terapéuticas consideradas eficaces para reducir la impulsividad, como por ejemplo la terapia cognitivo-conductual.
5 RECOMENDACIONES PARA CONTROLAR LA IMPULSIVIDAD: Para comenzar a controlar la conducta impulsiva, os dejo a continuación una serie de recomendaciones que te ayudarán a tomar conciencia y empezar tu cambio:
1. Conócete: Trata de identificar los estímulos, tanto internos como externos, que activan tus conductas impulsivas. Te recomiendo que comiences un registro para poder observar mejor tus patrones. Ser conscientes de los eventos y de las emociones, te ayudará a poner el foco en ellas.
2. Detecta las situaciones: Una vez tengas tu registro, es momento de usarlo. Trata de identificar las situaciones que te detonan justo cuando ocurren.
3. Genera auto-instrucciones: Busca una instrucción para decirte a ti mismo/a en esos momentos. Esto te ayudará a saber cómo responder o reaccionar, sin dejarte llevar por tus impulsos.
4. Realiza ejercicios de relajación: Cuando existe un nivel de activación muy elevado, es interesante adquirir el hábito de realizar ejercicios de relajación que puedan regular tus emociones cada día. Son muy beneficiosas.
5. Piensa alternativas: Ahora que eres consciente de tu forma de actuar, puedes elaborar diferentes pautas de actuación para las situaciones críticas. Si realizas estas conductas en varias ocasiones, llegarán a convertirse en un hábito para ti, reduciendo tus conductas impulsivas pasadas.
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10 consejos para controlar la impulsividad:
Por suerte, existen una serie de pautas que las personas con alta impulsividad pueden llevar a cabo para ejercer cierto control sobre las conductas que se encuentran dirigidas por las emociones. A continuación veremos una serie de recomendaciones para no dejarnos llevar siempre por nuestros impulsos:
1. Conocer qué la provoca: El primer paso para iniciar una serie de cambios en nuestra manera de actuar impulsiva es saber qué estímulos o situaciones provocan estas conductas. El motivo es que siempre nos va a ser mucho más fácil evitar aquello que podemos predecir.
Una buena forma de empezar es realizar un registro de todas aquellas situaciones en las que hemos actuado de manera impulsiva, anotando qué situación o estímulo ha provocado dicha respuesta, cómo nos hemos sentido y cuál ha sido nuestra reacción o forma de actuar.
De esta manera, seremos conscientes de los eventos y emociones que potencian nuestra impulsividad, por lo que al detectar estas situaciones con tiempo podremos responder de manera más eficaz.
2. Contar hasta tres: En el momento en que seamos conscientes de qué situaciones generan todo tipo de respuestas impulsivas en nosotros seremos capaces de comenzar a cambiar la forma en la que reaccionamos.
La principal característica de la impulsividad es que la respuesta se da de manera muy rápida sin dar lugar a ningún tipo de reflexión, por lo tanto nuestro primer paso será aprender a retrasar la aparición de dicha respuesta.
Aunque parece más fácil de decir que de hacer, solamente con intentar dejar pasar unos pocos segundos, nuestro cerebro es capaz de reflexionar brevemente y nuestras emociones se verán mucho más calmadas. Por lo que mejoraremos nuestra capacidad de manejar la tensión, las emociones y los pensamientos que provocan la respuesta impulsiva.
Para que esto sea efectivo y se convierta en rutina debemos realizar esta pauta de manera constante en todas las situaciones, independientemente de la premura o necesidad.
3. Generar autoinstrucciones: Por desgracia, en muchas ocasiones ocurre que, aunque hayamos conseguido llevar a cabo las dos pautas anteriores, nuestra impulsividad puede surgir de la misma manera. Ya que gracias a ellas podremos retrasar nuestra respuesta pero no hacer que desaparezca.
Por lo tanto. ¿qué podemos hacer para conseguir responder igualmente de manera eficaz? Hacer uso de las autoinstrucciones. Decirnos a nosotros mismos qué pasos podemos dar o cómo vamos a responder ante una situación nos permitirá reflexionar sobre ella y percibir si se trata de una reacción efectiva o no.
Elaborar unas dinámicas de lenguaje interno, o incluso verbalizar en voz alta, nos permite ser conscientes de nuestros pensamientos y, por lo tanto, corregirlos con mayor facilidad.
5. Aprovechar nuestra energía: En algunos casos, el problema de la impulsividad viene dado por un exceso de energía en la persona, la cual la libera en los momentos menos adecuados. Sabiendo esto, las personas que sientan identificadas con este patrón de conducta pueden encauzar esta energía mediante la realización de ejercicio físico.
Actividades que suponga un alto gasto de energía pueden ser útiles para aprender a controlar nuestra impulsividad y utilizarla solamente en aquellos momentos en los que realmente sea oportuna.
6. Usar técnicas de relajación: En aquellos casos en los que la persona sea incapaz de canalizar su exceso de energía, puede probar a disminuir la tensión que esta genera. Realizar ejercicios de relajación, meditación o actividades como el yoga, nos permitirán mantener un estado natural de relajación que ayudará a disminuir las respuestas impulsivas.
Igualmente, si nuestra rutina diaria se caracteriza por ser muy estresante, es muy posible que nuestra tendencia a actuar de manera impulsiva sea mayor, por lo tanto intentar disminuir los niveles de estrés mediante una buena organización de la jornada acompañada de pequeños ejercicios de relajación rutinarios también resultará de gran ayuda para la persona.
7. Pensar alternativa: Al ser conscientes de nuestra forma de actuar, podremos elaborar pautas de actuación y pensamiento alternativas. Si conseguimos realizarlas estas conductas las veces suficientes llegarán a convertirse en hábito y reducirán el problema de la impulsividad.
8. Ser consecuentes: Si tomamos en serio las consecuencias de nuestros actos, así como de la magnitud o el efecto que nuestras conductas pueden generar en otras personas, seremos más capaces de reflexionar antes de actuar.