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Vamos a comentar una fuente histórica primaria. Es un texto político (un manifiesto) y público. Se publicó en La Época y en otros periódicos el 13 de septiembre de 1923. Su autor fue el general Miguel Primo de Rivera con el objetivo de justificar ante la nación su golpe de Estado. Primo de Rivera era el capitán general de Cataluña y estaba vinculado a las Juntas de Defensa y a la corriente africanista del Ejército. En el texto, Primo de Rivera emplea distintos argumentos para justificar su golpe de Estado. En primer lugar, alude a la corrupción política, que han pervertido a la nación y hasta al rey, con afirmaciones como que existe una “fracachela de fondos reservados”, y también al turnismo, al decir que “[los políticos] se avienen al turno y al reparto”, con lo que el sistema no funciona. En segundo lugar, denuncia el desgobierno al decir que nos España está amenazada con “un próximo fin trágico y deshonroso” y que se producen “asesinatos de prelados, ex gobernadores, patronos y obreros”. Finalmente, también se justifica con un apoyo social y del Ejército al decir que “nuestro acto el pueblo sano demanda e impone”. La situación de España en 1923 era muy negativa. El sistema de la Restauración se encontraba desacreditado, la I Guerra Mundial había producido una subida de los precios, se extendió el pistolerismo y el ejemplo de la Revolución Rusa había radicalizado el movimiento obrero. Además, la guerra de Marruecos avanzaba desfavorablemente para España. En 1921 se produjo el desastre de Annual, una grave derrota militar en la que murieron miles de españoles. El general Picasso redactó un informe en el cual se señalaba a altos mandos militares y al propio Alfonso XIII como responsables de la tragedia. Ese informe llegó a Cortes, por lo que tanto al rey como a los altos militares les convenía que no se tramitase democráticamente. El golpe de Primo de Rivera triunfó sin apenas oposición por todo el territorio y se extendió rápidamente por la escasa resistencia obrera y por las simpatías de los africanistas. Para la ejecución del golpe existían dos líneas de conspiración militar. Por un lado, la de Barcelona, vinculada a las antiguas Juntas de Defensa, que buscaba acabar con el sistema liberal; por otra, la de Madrid, vinculada a los africanistas, que buscaba defender la monarquía y la unidad de España. El rey no se opuso al golpe y aceptó la suspensión del régimen de la Restauración. El Ejército, en su creciente antiparlamentarismo, y la Iglesia también apoyaron el golpe. Asimismo, la burguesía (sobre todo, la catalana) y las clases medias vieron en Primo de Rivera garantía de orden frente al pistolerismo. Incluso parte del PSOE y de la UGT trabajaron con el régimen porque el dictador solicitó su colaboración para afrontar la cuestión social。
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